A veces, como educadores o padres, en el afán de ayudar al crecimiento
de nuestros niños los estamos perjudicando más que haciéndole un bien.
Aunque pongamos nuestra mejor intención en ayudar, si empujamos
demasiado, interferimos en el proceso de aprendizaje de la persona. Es
como si queremos aprender a dibujar, y el profesor, en vez dejarnos
expresar libremente y ensayar, nos hiciera el dibujo por nosotros.
Este relato puede ayudarnos a reflexionar este aspecto:
Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a casa
para poder verla cuando saliera de él. Un día, vio que había un pequeño
orificio, y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la
mariposa luchaba por poder salir de capullo.
El hombre observó que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo
a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento
en el que pareció haber cesado la lucha, pues aparentemente no
progresaba en su intento. Semejaba que se había atascado. Entonces el
hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña
tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y
de esta manera por fin la mariposa pudo salir.
Sin embargo, al salir, tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.
El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier
instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para
soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que
estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa
solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus
alas dobladas… Nunca pudo llegar a volar.
Lo que el hombre, en su bondad y apuro no entendió, fue que la
restricción de la apertura del capullo, y la lucha requerida por la
mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la
naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas,
para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.
Extraido del libro: "Aplicate el cuento" de Jaume Soler y M. Mercé Conangla.
Los procesos de crecimiento y aprendizaje tienen un ritmo diferente en
cada persona. En vez de empujar y forzarlos sería mejor acompañar a los
niños y dejar que vivan su propia experiencia.